Pi, pi, pi.
La chica distraída no ha llegado a escuchar el sonido
de su teléfono móvil; piensa
desinteresada que no ha sido el suyo. Continua disfrutando de aquel anochecer
de primavera, mientras tranquilamente escucha las pequeñas aventuras de la vida
su mejor amiga. Ella no sabe que en su pequeña pero amplia pantalla de móvil se
pueden leer las palabras que la harán sentir tan feliz “Nuevo mensaje recibido”
¿Qué porque la harán sentir ese sentimiento que conocemos por el nombre de
felicidad?
Pues simplemente porque dentro de esas dos nuevas palabras, que
aparecen parpadeantes durante unos segundos, se esconde otro sentimiento más grande que el
de la felicidad. El amor.
Tal vez quien se lo haya enviado
escribía aquellas palabras del mensaje con una gran sonrisa de oreja a oreja,
por su culpa. Por ella; y simplemente por ella el chico ahora se siente algo
tonto leyendo las nuevas palabras que aparecen en su pantalla “Mensaje
enviado”; mientras, ansioso espera una respuesta de ella.
Ella con la que su mente piensa
día y noche.
Ella, quien consigue que sus pequeños ojos coca cola se abran como
platos siempre que la ve de lejos, por un inesperado encuentro debajo del bar
por el que se pasa tantas horas de risas y copas con sus amigos, con aquellos
que conocen todos sus sentimientos y momentos de la vida, tanto los buenos como
los malos. Ella, aquella pequeña y guapísima chica que por poco provoca un problema cardíaco siempre que le habla
directamente.
El chico mira el pequeño reloj
que se encuentra colgado de la pared azul recién pintada de su dormitorio. Hace
ya diez minutos escasos que envió aquel mensaje en el que tanto quería
transmitir pero a la vez tan poco. Se pregunta el por qué pasa el tiempo tan
despacio y sobre todo se pregunta con gran curiosidad si ella lo habrá visto.
Tal vez nunca llegue a recibir un nuevo mensaje con esas palabras que tanto desea
escuchar por ella. Simplemente porque a ella, que es tan blanca de piel y
morena de cabello, no le ha llegado a transmitir tanto como él habría querido
en ese momento en el que le dio a “enviar”; tan nervioso y asustado en la misma
milésima de segundo. No sabe cómo pudo sentir dos sentimientos tan opuestos al
mismo tiempo, pero no se para mucho tiempo pensando en la respuesta a esta
extraña pregunta, ahora mismo está demasiado nervioso dentro de esa
interminable espera y decide escoger la respuesta más sencilla y simple que
existe ahora mismo en su vida para esa pregunta.
“Tal vez sea porque estoy
enamorado, sí eso es, ¿entonces esto es lo que se siente cuando estás
enamorado?” tras una pequeña sonrisa sin darse cuenta pronuncia dos palabras en
alto “me gusta”.
Mientras tanto, en otra parte de
la ciudad vuelve a sonar el mismo sonido.
Pi,
pi, pi.
Ella ahora sí se da cuenta y adentra la mano en aquel gran y
extraño mundo al que llama “su bolso”; en el que antes de encontrar el objeto
que se busca nos tropezamos con miles de recuerdos, que si pañuelos medio
usados, pintalabios, una caja de esos nuevos chicles de menta que salen tanto
en la tele, que si un billete de tren
que nunca llegó a utilizar; ya que sus planes cambiaron en un cerrar y abrir de
ojos… por motivo de algún altercado sorpresa; a nadie nos agradan,
sencillamente porque terminas diciendo a gritos miles de patrañas.
Tras sacar algunos recuerdos más,
y otro tanto de cosas sin valor e inútiles de su bolso, recuerda que lo que
buscaba no podía estar ahí por el mero hecho de que había recordado que para llevarlo
más a mano se lo guardó en el bolsillo derecho de su cazadora de poli piel
marrón, esa con la que esa misma mañana había estado tumbada encima de la
hierba que había llegado a mojar aquella
pequeña tormenta enfurecida la noche anterior. Esa chaqueta con la que se
encontró nada más alzar su mirada.
Tanto sus ojos oscuros como su mirada
comenzaban a tener un toque de curiosidad por saber el motivo que originaba ese
sonido.
Pi, pi, pi una vez más.
¿Cuánto
tardará en leer ese mensaje? Nada. Unos segundos como mucho. En mucho menos de un minuto tú vida puede cambiar de
manera imborrable.
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