lunes, 4 de febrero de 2013

Capítulo 3


Unas cuántas calles más allá. En aquella habitación no tan azul por culpa del paso del tiempo. El silencio hacía su entrada. 
Había tanto silencio que no resultaba difícil escuchar el canto de los pájaros de la plaza. Esa preciosa melodía no hacía más que silenciar más la habitación. 
Se sentía a gusto hablando para sí mismo.

                -No llego a comprender. ¿Por qué la gente necesita la ayuda de los demás? ¿No son suficientes acaso los problemas de uno mismo? Hasta ahora he salido adelante sin la ayuda de nadie. Siempre he vivido así y me ha ido bien. Aunque seguro que cuando era un crío no podía hacer nada solo. Dependía de los demás. Está bien. Debo admitirlo he llegado hasta aquí con la ayuda de otros. Ahora me las apaño solo perfectamente. Sé que hacer para sobrevivir. Ya no soy un crío. Eso pertenece al pasado. No. No es verdad… ¿A quién pretendo engañar? La verdad es que no estoy seguro de nada. Estoy confuso. ¿Qué tengo que hacer para salir adelante sin la ayuda de nadie? ¿Alguien puede decírmelo? … ¿Alguien…? Después de todo, estoy pidiendo ayuda. Ayuda que nadie me prestará.

                El maldito pasado aún me acecha sin rencor. Cometí  errores en estos últimos años, tal vez demasiados. Por eso estoy solo. Lo tenía todo. Todo lo que me costó tanto encontrar. Y ahora, mírame, no me queda nada. Sólo mentiras. Falsas apariencias. Todo por ella. Por ella soy un maldito solo.
 Ella, no había persona en el mundo a la que más odiase. Aunque también sabía que tampoco había persona a la que echase más de menos, de todas aquellas a las que había perdido en el camino hacia la soledad. 

Sus amigos, fueron de verdad. Era de verdad. Una amistad de esas que hace sentir envidia a terceras personas. Pero, ahora, todo termino. Ni si quiera podía mirarles a la cara por pura vergüenza. Sabía que él tuvo la culpa. Nadie más que él, eso era lo que más le dolía.

                Al abrir sus ojos cayó en la cuenta. – Hoy es sábado. Hoy les veré. Ha pasado tanto tiempo. ¿Y si no salgo? No. Tengo que salir. Quiero salir. Si me quedo lo único que haré será no salir nunca más en la vida por el miedo a encontrármelos, algún día tendrá que ocurrir. ¿Por qué no hoy? Podría intentar arreglar las cosas, aunque no creo que sea tan fácil. Tal vez ellos ya lo han olvidado, o al menos me han perdonado. Me pasé. Lo sé. Voy a intentarlo. Voy a intentar hacer que todo vuelva a ser como era. No tengo nada que perder. No me queda nada ya.

 Nada salvo un perdón barato lleno de miedo.

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