lunes, 4 de febrero de 2013

Capítulo 2


Basta. No voy a darle más vueltas. Voy a intentar no pensar. Voy a desconectar mis sentimientos por un momento. 
Corazón deja de latir de esta manera. Duerme. No pasa nada. No por ahora al menos. Todo saldrá bien ¿verdad?  
Será mejor pensar en positivo en estos momentos. 
No sirve de nada pensar en negativo y perderse de nuevo por el sendero de la duda y del miedo. Sueño. Sueño en el mañana. Estoy en la calle. Pérdida y algo mareada por culpa de la multitud que me encuentro al entrar en el pub. Le encuentro. Nos cruzamos. Nuestras miradas se encuentran, se enlazan. Me quiero acercar pero algo me detiene. No puedo moverme ¿Qué me ocurre?  Veo como me grita algo. En vano. No soy capaz de escuchar nada que no sea alboroto. Entonces me doy cuenta, ya no estoy allí. Estoy lejos. Tan lejos que ni el aire que respiro  es el mismo. 

                De un golpe despierta de aquel extraño sueño. Ya es de día. Es el día. Asustada  saca sus pequeños pies de entre las sabanas a la realidad. Es entonces cuando sin querer, sin ella darse apenas cuenta le vienen las palabras de aquel mensaje de texto que recibió hacía ya casi un año de Mario, su amigo hasta hace unos meses. Como corre el tiempo. La angustia la absorbe en ese momento. Ella intentando ocultarse se arropa hasta la cabeza y cierra los ojos. Aun le duele. Odio lo que ocurrió tanto como lo que no pudo ocurrir. ¿Cómo no se dio cuenta antes? ¿Por qué fue tan estúpida? Aun no lo entendía. En el fondo sabía que nunca en la vida lo terminaría de entender. Pero en este momento eso no es lo importante. Todo aquello pertenece al pasado. Solo al pasado. Eva pensaba que tal vez si se lo repetía unas cuantas de veces más se lo terminaría creyendo y su corazón escondería de nuevo todos esos recuerdos y sentimientos en aquel lugar de donde salieron sin permiso. Porque el pasado es un simple tiempo al que nadie puede volver. Resulta estar demasiado lejos de nuestro alcance.

                Desde la cocina llega una voz. Es su madre que la llama para que se levante de una vez. No comprende que es sábado, el único día de la semana que tiene para dormir a gusto.
-          ¡Eva! ¿Aún estas dormida? Son más de las diez y cuarto. Venga, arriba dormilona. Que ya has dormido suficiente. Encima me prometiste ayudarme con las compras de la semana.
-          Ya voy. – Todas las mañanas la misma canción. Aunque era cierto. Su madre, la conocía bien. Sabía que si no la despertase luego se lo echaría en cara o se levantaría alterada diciendo que tiene prisa que como todos los sábados tenía que estar en casa de Andrea para eso de las tres.

                La casa de Andrea estaba a una media hora de su casa y se había convertido en todo un ritual el ir allí antes de salir de fiesta. No era muy grande pero si lo bastante como para que unas cuántas amigas se peinasen y maquillasen mutuamente. No porque no pudiesen ellas solas en su casa, no, no, nada que ver, simplemente les gustaba. Resultaban ser tan parecidas y a la vez tan diferentes… eso sí, todas sabían que si faltase alguna en un momento dado, por cualquier motivo, no sería lo mismo. Pero Eva sabía que algún día no muy lejano se terminarían separando del todo. Ella ya lo notaba. Como ocurrió con Mario. 

De nuevo él en su mente. No se lo podía permitir. No, ahora no.

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